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República Dominicana: El laberinto legal deja a miles de apátridas en una nación de “ciudadanos fantasmas”.

El laberinto legal burocrático de la República Dominicana ha dejado a miles de “ciudadanos fantasmas” apátridas, que no pueden trabajar con regularidad, matricularse en la escuela secundaria o incluso ver a un médico, dijo hoy Amnistía Internacional en un nuevo informe.

“Sin papeles, no soy nadie”: Los apátridas en la República Dominicana desacreditan las declaraciones oficiales de que nadie en la República Dominicana carece de nacionalidad. Explora el intrincado laberinto legal creado por las autoridades desde la década de 1990 y más recientemente a través de una sentencia de 2013 que ha dejado arbitrariamente sin nacionalidad a decenas de miles de personas nacidas de padres o abuelos extranjeros.

“De un plumazo, las autoridades de la República Dominicana han borrado efectivamente del mapa a cuatro generaciones de dominicanos. Sin nacionalidad, decenas de miles de personas se han convertido en fantasmas virtuales, que se enfrentan a graves obstáculos para acceder a los servicios básicos del país”, ha declarado Erika Guevara-Rosas, directora del Programa para América de Amnistía Internacional.

Los esfuerzos realizados por el gobierno para abordar la situación de los apátridas han demostrado ser insuficientes. Esconderse de este drama diciendo que el problema no existe no hará que desaparezca.

Desde principios del decenio de 1990, las personas de ascendencia haitiana nacidas en la República Dominicana se han convertido en el blanco de una serie de decisiones administrativas, legislativas y judiciales encaminadas a restringir su acceso a los documentos de identidad dominicanos y, en última instancia, a la nacionalidad dominicana.

En septiembre de 2013, el Tribunal Constitucional dominicano dictaminó que los niños nacidos en el país desde 1929 de padres extranjeros indocumentados no tienen derecho a la nacionalidad dominicana. El fallo dejó efectivamente a la gran mayoría de ellos en situación de apatridia.

El Gobierno trató de mitigar los efectos de este fallo discriminatorio pero, en el camino, ha creado una serie de intrincados procesos y categorías de personas que a la mayoría le resulta imposible navegar.

Un programa de naturalización de seis meses, que expiró el 1º de febrero de 2015, ha demostrado ser en su mayor parte inadecuado. Cientos de personas dicen que nunca recibieron información sobre el programa y que sólo se enteraron de su existencia cuando ya había expirado. Muchos afirman que la lista de documentos que debían presentar era imposible de cumplir. Esto incluía una declaración firmada por una comadrona o siete testigos que podían declarar que habían nacido en el país.

A muchos padres se les sigue negando la inscripción del nacimiento de sus hijos. La mayoría de estos niños siguen siendo apátridas.

Docenas de dominicanos de ascendencia extranjera que hablaron con Amnistía Internacional dijeron que la falta de papeles los ponía en una posición muy vulnerable, exponiéndolos a abusos.

Marisol (no es su nombre real) es una joven dominicana de ascendencia haitiana. Ni ella ni sus hermanos y hermanas fueron registrados al nacer, ya que sus padres no tenían una identificación formal. Cuando murieron, ella tenía 10 años y no tuvo más remedio que convertirse en una trabajadora doméstica con una familia adinerada en Santo Domingo.

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